viernes, 24 de febrero de 2012

Estudiar, aprender, aplicar


La semana pasada terminé  mi curso de Psicología arquetipal de los Dioses del Olimpo. Sí, lo sé, eso suena súper complicadísimo, pero en realidad es un curso donde se analiza psicológicamente la personalidad de los Dioses Olímpicos y se compara con los seres humanos. Por ejemplo, hay muchas mujeres “Afroditas” que son coquetas, amorosas y siempre están dispuestas a seducir, mientras hay otras mas “Ateneas” que son más cerebrales, organizadas y el romance no está entre sus prioridades.
También hay hombres “Zeus” o “Poseidón”. Igualmente no todos somos 100% un Dios, somos la mezcolanza de Dioses. A veces solemos ser unos más que otros.
En mi curso no solo me enseñaron la historia de cada uno de los Dioses (cosa que me encantó porque siempre me ha fascinado la mitología griega) sino que comparaban a estos Dioses con personas de verdad.
En cada una de las clases yo pensaba: “Yo conozco a alguien así” o “Fulanita o fulanito es este Dios o Diosa”.
A medida que avanzaba mi curso pensaba en que cada uno de estos Dioses era perfecto para escribir de ellos como personajes de la vida real, no como un Dios, solo como un hombre o una mujer.
Pensé que podía plasmar las características de una mujer Artemisa en un personaje: Independiente, libre, natural… Cada clase abría mi mente para un personaje nuevo. Con cada día que descubría sus personalidades pensaba “este Dios sería ideal para un libro”. Supongo que ya pienso como escritora y en cada situación veo un potencial para un personaje o una trama, espero que eso sea un buen síntoma y no signifique que me estoy volviendo medio loca.
Sí, sí ya se que ya debo estarlo ¿Pero no lo somos un poco todos?
Continuando con lo poco cuerdo que me queda, he decidido continuar mis cursos, especialmente los de psicología y los arquetípicos porque esconden material infinito para escribir.
En algún sitio leí que los humanos no paramos de aprender, yo adaptaría esa afirmación a, que los escritores no deberíamos detener la búsqueda de fuentes de inspiración, no deberíamos parar de aprender, por el bien de nuestras novelas y lectores.
Nunca está demás buscar recursos extras, no solo que tengan que ver con la escritura, sino cualquier cosa que nos haga pensar un poco, que nos enseñe.
Yo soy una eterna estudiosa, pero no de aula. Me encanta aprender cosas nuevas, saber que sucede en el mundo, además de ser una geek de la tecnología. Pero nunca paro de aprender.
Ahora todo, todo lo asocio a la escritura y en todos lados veo material potencial para escribir.
Con la historia podemos aprender muchísimo para escribir y no necesariamente tiene que ser novelas históricas. Hay grandes amores históricos que nos pueden inspirar para escribir.
Yo en lo personal trataré siempre de buscar cursos como el que acabo de terminar, quedé enamorada del Olimpo y lo complicado de las relaciones y personalidades.
En cada página que escribía mis apuntes le colocaba al lado “posible característica” o “posible rasgo de personalidad”.
El día que descubrí que estos cursos me podían servir para desarrollar las personalidades de mis personajes pensé que estaba obsesionada con escribir. Pero lo asumí: “Si estás obsesionada con escribir y así debe ser. Si quieres ser escritora, tienes que pensar como tal y tienes que ver las situaciones de la vida como una trama potencial para escribir”.
Esa es la mentalidad que debe tener un escritor, supongo. También supongo que ellos no paran de ir a talleres, cursos, charlas sobre lo que sea, no solo asuntos literarios. Deben ir a charlas médicas, veterinarias, de leyes o policiacas. Deben nutrirse con todo lo que encuentran.
Les sugiero que intenten buscar, intenten aprender. Vean la vida como una escena. Analicen cada situación y si les resulta atractiva, anótenla en su libreta. Al fin y al cabo no sabes de donde puede llegar el personaje de tu próximo libro.
Un abrazo y nos leemos la próxima semana

Lee, estudia, aprende sin que te importe el mundo exterior
@HMoranHayes
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martes, 14 de febrero de 2012

Cadena de Amor


La entrada de esta semana es especial, la dedico al día de los enamorados. Y quién más que nosotras las escritoras y lectoras de novelas románticas para celebrar este día.
Hoy no hago una entrada como todas las semanas, hoy les regalo un cuento corto que escribí para mi amiga Jonaira Campagnuolo y su blog http://desdemicaldero.blogspot.com/ ella tiene un reto para el día de San Valentin (aprovechen enviarle el suyo, el reto es hasta este viernes), había que escribir un cuento de amor, amor de cualquier tipo. No soy muy buena con cuentos cortos pero el tema me inspiro y se me ocurrió este...
Espero lo disfruten.

Cadena de Amor por Helena Moran - Hayes

Hace unos años vi una película que me llegó al corazón. Se trataba de un niño que decide, como proyecto en su colegio, hacer un favor a tres personas con la condición de que estas tres ayudaran a tres más. Y así la cadena de favores se extendería por todo el mundo.
Yo, decepcionada por una ruptura amorosa bastante traumática, decidí hace par de años sacudir mi espíritu, y tomé esta película de ejemplo.
Me negaba a creer que el amor ya no existía, que ya no había bondad en este mundo. No soy una mala persona, pero mi constantes fracasos en el ámbito amoroso y ver como la gente estaba llena de hostilidad y odio, me habían dejado con una tristeza infinita en el alma y en el corazón. Decidí hacer mi propia cadena, la llamé Cadena de Amor.
Esta cadena no era tan ambiciosa como la del niño de la película, el favor solo se tenía que hacerse a una persona, pero tenía un nivel de dificultad, esta persona a quien ayudaría tenía que tener un problema emocional, no económico o físico. Tenía que ayudar a una persona emocionalmente.
Tenía dos leyes más además de ayudar a esa persona, todo tenía que quedar en secreto, nada de decirle al mundo que tu eres una persona buena que ayudas a las demás y que retribuyes un favor, no, no, nada eso. Era totalmente secreto.
Y la tercera regla se me ocurrió después de pensar como la persona que ayudaría daría su palabra. Tomé un pequeño dije, un corazón rojo de cristal de swarovsky que me había regalado mi antigua pareja y lo dispuse como tótem para que la persona que ayudara se lo pasara a la ayudada. Una especie de testigo. Aunque me encantaba el corazón, siempre me traía mucha tristeza porque me recordaba un amor fracasado. Un sentimiento que no me dejaba avanzar. Pensé que esa era la mejor manera de liberar parte de mi tristeza.
La única desventaja de mi proyecto era que no llevaría un record de cuantas personas ayudarían a cuantas, además estaba el hecho que mi dije podía perderse con algún mal intencionado que supiera su valor real. Supuse que, como lo que hacía tenía mucho que ver con el amor, tenía que tener fe.
Cierto día venía caminando por la calle, tratando de pensar como empezar y como mantener mi proyecto de amor. Venía perdida en mis pensamientos cuando un susurro, más bien un llanto muy callado me sacó de mis fantasías.
Una chica de unos 17 años lloraba en la calzada. Abrazaba sus piernas con sus brazos y tenía enterrada la cabeza entre sus rodillas. No la pude ignorar. El llanto no solo salía de sus ojos, salía de su alma. Pensé que la vida me estaba dando una oportunidad de empezar mi proyecto.
Me acerqué a ella y puse mi mano en su hombro. La chica pegó un salto del susto. Se llamaba Emily y me contó su problema. Estaba embarazada. Su historia era muy triste, no solo por que tenía 17 años, sino porque no se recordaba como sucedió. Solo pudo deducir que hacía un poco más de un mes había ido a una fiesta y se despertó en su cama al otro día sin recordar nada. Supuso que se debió al alcohol, pero no había sido así. Me contó que su novio la había rechazado después de haber confesado que le puso una pastilla en su bebida y había tenido relaciones con ella inconsciente. Su mejor amiga la juzgaba por lo sucedido y bueno…todavía tenía que decírselo a sus padres.
Emily me rompió el corazón. Casi como un acto reflejo tomé el corazón de cristal de mi bolsillo y se lo puse en la mano “Nada es tan difícil como parece Emily, te rescataré” solo pude decirle.
Efectivamente no lo fue. Después de llorar con sus padres, estos la abrazaron y prometieron cuidar de ella y del niño que venía. No necesitaría ayuda, ellos la proveerían económicamente y le darían todo el amor que necesitaran.
Una semana después Emily me contactó y me agradeció haberla ayudado, en ese momento que la encontré ella había decidido interrumpir su embarazo. Dijo que yo la rescaté y que haría cualquier cosa por retribuirme haberla salvado.
Yo le respondí que no me debía nada y le expliqué lo de la cadena de amor.
Unos días después Emily me dijo que le había dado el dije a una chica que siempre estaba muy callada en su universidad, me contó que la chica con lágrimas en los ojos, le extendió una nota de suicidio que tenía planeado dejar esa noche. “La rescaté” me dijo feliz.
Ahí le perdí el rastro a mi dije y a mi cadena de amor.
Un año después fui a tomar un café con mi mejor amiga, me contó que hacía una semana la habían despedido de la oficina.
—¿Porqué estás tan feliz? Te despidieron —Le pregunté sin entender su felicidad.
—Por que cuando se te cierra una puerta, se abren mil. El día que me despidieron solo lloré, sabes que tengo la hipoteca de la casa, la deuda del auto y la enfermedad de mamá. No sabía que hacer, estaba desesperada y en ese segundo Paul ¿Recuerdas, el chico del que siempre estuve enamorada en la oficina? —Yo asentí— me extendió un corazón de cristal y me dijo “te rescataré” y luego me dio una tarjeta de presentación.
Cuando escuché la historia de mi amiga el corazón me dio un vuelco. Le había dado el dije, mi dije. Mi cadena de amor todavía existía después de un año
—¿Y que sucedió? —Le dije tratando de parecer relajada, pero la realidad era que mi corazón saltaba de la alegría.
—La tarjeta de presentación era la del gerente de una de las publicidades más importantes del país. Por eso te invité el café, estás hablando con la jefa del departamento de relaciones públicas de la empresa, voy a ganar tres veces más de lo que ganaba antes —No aguanté la emoción y la abracé con lágrimas en los ojos— Eso no es todo —Me dijo riendo— También tengo novio. Paul se me declaró par de días después, me dijo que siempre estuvo enamorado de mí pero como trabajábamos juntos nunca se atrevió a decirme nada —Yo la volví a abrazar— Luego Paul me dijo las reglas del dije, pero no te las puedo decir. Solo te puedo decir que soy feliz.
No necesitaba escuchar más. Ella no me tenía que decir las reglas, yo las sabía a la perfección.
Par de meses después me encontraba en la fiesta de compromiso de mi amiga y Paul. Ahí conocí a David. Un hermoso hombre de casi dos metros de alto, con cabello negro algo alborotado, unos ojos azules como dos piedras de aguamarina y la voz más sexi que había escuchado en mi vida. Esa noche hablé y bailé solo con él. Si hubiese creído en el amor a primera vista, hubiese dicho que me había enamorado de David.
Una semana después, David me llamó y me invitó a cenar. A pesar que podía decir que estaba derretida por él, decidí aceptar su invitación pero no en plan romántico. Fuimos a cenar, está demás decir que fue una velada perfecta.
David me acompañó hasta la puerta de mi casa y ahí hablé. Le expliqué lo que había sucedido con mi pareja anterior, que mi corazón no estaba preparado para el amor.
—Eso lo sé desde que hablé contigo en la fiesta, sé que tienes muchas heridas que sanar —Me dijo con su sonrisa que podía derretir corazones y metió la mano en su bolsillo— Yo te rescataré— me dijo en un susurro tomó mi mano, me colocó un dije de cristal rojo en forma de corazón en ella y me dio un beso lleno de dulzura. La cadena de amor había llegado a mi otra vez.
Sentí mi corazón llenarse de una alegría que jamás había sentido. Todas las tristezas, todas las dudas, todos los temores se desvanecieron cuando David me entregó el corazón y me miró con sus ojos llenos de amor.
Hoy un año después, escribo esta carta desde la habitación de la casa de mis padres. Mi madre está buscando mi traje de novia. Me caso en tres horas con el hombre que me rescató, el que me entregó el corazón, el de cristal y el real.
David nunca me dijo de quien recibió el corazón ni porqué. Me dijo que era un secreto. Que lo importante era que él había sido rescatado y me rescató a mí.
No sé donde estará mi corazón de cristal. Seguí las reglas que me dio David y se lo di a una amiga que había perdido a su padre. También la rescaté.
Con esta carta solo quiero reafirmar que el amor si existe, y existe en una cantidad de formas infinitas. Desde la madre que busca el traje de novia a su hija hasta el extraño que regala un pedazo de pan. El amor existe, solo tenemos que abrir un poco nuestros ojos y nuestras almas.
Dicen que nada se esparce más rápido que un chisme, pero yo rebato esa teoría, hay algo que se esparce mucho más rápido y es el amor.

@OhHelenita

viernes, 10 de febrero de 2012

Describir sin aburrir


Hace unos días una amiga me llamó para pedirme que escribiera algo en mi blog. Fue una solicitud bastante específica. Me dijo que hablara (dentro de lo que supiera) de las descripciones en los libros.
Todo esto salió por el hecho de que ella me contaba que estaba leyendo un libro donde las descripciones eran larguísimas y tan detalladas que se aburría terriblemente. Me dijo que llegó un momento en que pasaba las paginas y solo leía los diálogos, que no eran muchos por cierto.
Eso me hizo recordar la serie de libros de J.J Benítez, Caballo de Troya. Unos libros hermosísimos, con una historia preciosa, pero las descripciones y los pié de páginas eran eternos. Eran tan extensos que en varias páginas, el texto se llevaba tres o cuatro líneas y el pié de página, el resto de la misma.
Hay momentos en que estas figuras se vuelven tan molestas que muchas personas dejan de leer.
Las descripciones en un texto son muy delicadas. Ellas pueden introducir al lector en un mundo mágico del que no quiera salir o pueden aburrirlo de tal manera que quiera salir corriendo y no volver nunca más a abrir el libro.
Como en la vida, todo es un equilibrio y sin duda cada escritor tiene un equilibrio personal. El truco está en que el equilibrio sea agradable para el lector.
Mientras hay gente que ama un paisaje muy bien detallado, hay otra que prefiere leer solo lo necesario en la descripción para colocar algo de su imaginación y así personalizar la lectura, yo como lectora, pertenezco al segundo grupo, de hecho, creo que ahí es donde está el placer de leer, que puedo colocarle a ciertos paisajes, lugares y hasta personas y muebles mi toque de imaginación.
Yo no necesito saber cuantos árboles hay en un bosque o cuantas piedras tiene un muro, solo necesito saber que el bosque es denso o amplio y que el muro es de piedras alto o bajo, el tipo de piedras caliza, grafito o de río, se lo coloco yo.
Las metáforas y comparaciones siempre son importantes, ubican al lector sin darle una extensa explicación de cada detalle, lo que hace la lectura más amena.
Personalmente me encantan comparaciones más prácticas que poéticas, pero sin perder la delicadeza, el azul del mar cuando el sol lo ilumina o el color del chocolate al caer derretido en una superficie. Son comparaciones que dan sensaciones y que el lector entiende porque ¿Quién no ha visto al chocolate derretirse? No solo es hermoso sino delicioso.
Me encantan las descripciones concisas, directas, simples, que no tenga que detener mi lectura para poder organizar la idea en mi cabeza. Las descripciones rimbombantes y adornadas no son mi estilo, pero supongo que tiene que ver con mi pequeño déficit de atención. Si algo no me interesa o me aburre, solo le presto atención dos minutos. También creo que cada descripción tiene mucho que ver con el género que escribes. La novela romántica es una lectura para soñar, para imaginar, para enamorarse, no para devanarse el cerebro pensando que quiso decir el escritor cuando describió la casa donde vivía el protagonista.
Sin duda, la época del relato tiene mucho que ver, mientras más contemporánea sea la novela es, usualmente, más sencilla y sus descripciones más directas. Pero eso no significa que una novela romántica histórica sea aburrida o complicada. Una novela histórica bien descrita puede hacer que el lector sienta como si estuviese ahí, cada uno de los capiteles de las columnas o sienta el encaje de seda china del vestido de la protagonista.
Aquí no les voy a enseñar como escribir porque yo, como ustedes, estoy aprendiendo, solo hablo como lectora. Si en algún momento creen, al revisar su manuscrito, que una descripción está muy larga o complicada, probablemente lo esté.
Mi táctica es ver un paisaje y tratar de describirlo con mis propias palabras, incluso describir la sensación que me da cada elemento, luego leerlo y de ser posible hacer que alguien lea mi descripción, porque nosotros como escritores tenemos perfectamente visualizado el elemento y no importa cuanta veces lo leamos, siempre vamos a creer que esta descrito perfecto. Pero resulta que lo que nosotros vemos en nuestra cabeza, no es precisamente lo que escribimos en el papel y mucho menos lo que nuestro lectores leen. De hecho, gran parte de la magia de escribir es que nuestro lector lea lo que está en nuestra cabeza sin querer salir corriendo espantado o aburrido, sino que se quiera quedar en nuestro mundo pero que también él le coloque elementos personales para que también sienta que es su mundo.
Por eso digo… como en la vida, todo es un equilibrio.
Un abrazo y nos leemos la próxima semana



Hay que tener equilibrio en las descripciones si no quieres que tus lectores hagan esto

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viernes, 3 de febrero de 2012

Tú eres tu estilo


Siempre he leído que el escritor escribe acerca del tema que más le gusta leer. Yo agregaría que el escritor también escribe como escriben sus autores favoritos.
“Tomar prestada” la forma de escribir de otros autores es normal en los escritores nóveles. Y digo “tomar prestada” porque como dije en mi entrada anterior, el escritor (especialmente el novel) toma prestados estilos de escritores que admira, mientras encuentra su identidad.
A mi parecer eso no está mal, todos tomamos características de personas que admiramos a lo largo de nuestra vida y con el pasar del tiempo vamos forjándonos nuestra personalidad.
Lo mismo sucede con la escritura, ya sea consciente o inconscientemente reflejamos en papel estilos de nuestros autores admirados.
La estructura de la obra, las personalidades de los personajes valga la redundancia incluso la narrativa.
A veces la mimetización con estos autores es tal, que se reconoce quien es el autor a quien se está imitando. Es lógico, es normal… para empezar.
El problema está cuando el escritor no encuentra voz propia y se funde de tal manera con su o sus autores admirados, que no evoluciona en su escritura.
Siempre recomiendo leer muchos autores, muchos estilos diferentes, muchos géneros ya que en la variedad podemos descubrir nuevos estilos, nuevas técnicas, podemos evolucionar, nos podemos encontrar. Y que esto sirva como lección de vida, tratemos siempre de hacer cosas diferentes, nos ayuda a crecer como personas.
Lee sin juzgar, si no es tu estilo continúa con otro. Investiga acerca de los tipos de narrativa. No te quedes con una sola visión ¿Vieron? Aquí salió otra lección de vida. Siempre es bueno tener muchas visiones de la vida. Nos ayuda a abrir nuestra mente, nuestra imaginación y nuestro yo interior. Nos ayuda a encontrarnos.
Yo soy más una escritora autodidacta que otra cosa, pero eso no quiere decir que no recomiende estudiar. Si pueden hacer talleres de escritura o asistir a foros, siempre serán puntos a favor.
Cuando uno quiere encontrar algo tiene buscarlo. Cuando uno se quieres encontrar a sí mismo, tiene buscarse.
Actualmente existen miles de herramientas que pueden ayudar a un escritor novel (y algo perdido) a ubicarse en todo este universo que es la literatura.
El proceso de encontrar tu estilo no es algo fácil. ¿Pero qué cosa buena es fácil?
Siempre pienso que debe ser bien gratificante que un autor sea reconocido solo por la forma como escribe. Tengamos esa meta como norte, no ser famosos, sino ser reconocidos por nuestro estilo.
Hay gente que se siente orgullosa porque la gente reconoce en su escritura a famosos escritores, yo, personalmente prefiero ser reconocida por mí misma.
Por eso leo de todo un poco y cada día me siento frente a mi computadora a escribir como yo. Y cuando me pregunten en quien se basa mi estilo responderé: En mí, en la música que escucho y en la montaña que veo todos los días cuando me siento a escribir.


Mi vista desde donde escribo :)

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