martes, 27 de marzo de 2012

Trabajos en el Jardín


Debo confesar que en estos días he estado algo lenta para escribir. No me he dedicado como usualmente lo hago. Entre una cosa y otra no he tenido la constancia, bueno, mas que la constancia es el tiempo que le he dedicado el que falla.
Todos los días me siento a escribir, tooooodos los días lo hago, pero eso no significa que lo logre.
Yo lo llamo escritura hormonal, mi esposo se mata de la risa cada vez que le digo que estoy en la etapa de escritura hormonal, en gran parte es porque él no entiende lo de las “hormonas”.
Esta es mi descripción de ese tipo de escritura: tu cerebro quiere escribir, tu cuerpo desea hacerlo, pero por una u otra cosa no te sale ni una palabra, no quieres ni tocar una tecla. Mi esposo dice que yo, a todo lo que no tiene explicación lo llamo “hormonal” en cuanto a las mujeres se refieren. ¿Pero que puedo decir? Si hay algo que no podemos controlar son las hormonas.
Como por sobre todas las cosas, tengo una mente analítica, he analizado muy bien en los momentos que sucede. En los momentos externos: clima, ruido, música, cantidad de trabajo, problemas. Puede ser problemas internos: HORMONAS, estado de ánimo. O inclusive un problema interno en tu manuscrito: no sabes como resolver una escena o sabes como resolverla pero no sabes que va a venir después.
Puedo decir que de todos estos problemas el menos importante es el último, los problemas internos del manuscrito lo resuelven sus personajes. Como ya hemos hablado, los personajes tienen vida independiente y resuelven sus propios problemas.
Me he fijado por ejemplo, que yo me inspiro en los días lluviosos. Cuando el cielo está nublado puedo perderme en la escritura. Solo necesito una buena taza de café o té. Y soy feliz.
También cuando descubro nueva música, me inspiro. Paso horas y horas entre letras y música.
Igual, escribo más cuando me siento “triste” (lo coloco entre comillas porque no es que esté deprimida o me quiera lanzar por el balcón, pero hay días de días y ustedes lo saben). Para sorpresa mía, me sale mejor escribir. Quizá es una autodefensa de mi inconsciente para subirme el ánimo, porque él sabe que escribir me hace feliz.
Siempre, no importa como me sienta, intento sentarme a escribir.
¿Qué hago para no perder el tiempo dándole cabezazos al monitor de la computadora? Puedo buscar música nueva ya que tengo como costumbre hacer un playlist al final de mis libros, con música que me gusta o con la que identifico el manuscrito.
A veces, le invento la historia a mis personajes, su pasado, de donde vienen, por qué son como son, a donde van, qué quieren lograr.
Otras veces ­–y debo decir que es una de las tareas más divertidas– le busco los rostros. Quienes, actores, actrices, personajes famosos, podrían ser mis personajes.
Pero siempre procuro hacer algo que me ayude a avanzar en mi manuscrito. Si mis hormonas no me permiten trabajar en él. Trabajo en torno a él. Pero nunca dejo que se estanque. Mi madre siempre dice que el agua que no avanza, se estanca. Ahí va otra lección de vida.
Porque vamos a ser sinceras, hay días que no se nos da eso de escribir 2000 palabras diarias y con esto no me contradigo. Siempre, siempre intenten escribir aunque se dos palabras, pero cuando teman que no lo logran por más que lo intenten, no se estresen. Tampoco es que es una obligación. Debería ser una disciplina pero una que disfrutamos.
Una vez le dije a mi esposo, y debo aceptar que estaba un poco histérica, que no podía escribir, que no me salía, y él como buen ingeniero me miró con rostro de “que intensa eres” y me dijo: “Cuando no hay materiales para terminar la casa, se trabaja en el jardín. Es una forma de que la casa de vea bonita y también es un avance”. Se encogió de hombros y siguió jugando Left for Dead en su Xbox.
Yo me quedé con las cejas levantadas observando como el ingeniero, práctico, incrédulo, sistemático y que solo entiende si se le explica con una tabla de Excel, se había convertido en un maestro zen en un segundo. Claro, luego volvió a ser él.
Pero era verdad, si no se me da ese día escribir, puedo adelantar de otra manera y siempre va a ser un avance.
Lo que sí es que no dejo de intentarlo día tras día. Quizá haga 10 mil palabras, quizá haga solo dos, pero si no puedo trabajar en la casa, trabajo en el jardín.

@HMH_Escritora
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Si no podemos escribir... hagamos trabajos en el jardín

viernes, 16 de marzo de 2012

La Fuerza del Destino


Hoy fue mi primera clase del nivel dos de mi curso de Mitología Arquetipal. Hoy vimos Ananké, la fuera misteriosa que nos guía, unos le dicen “la fuerza del destino” otros le dicen “el `no sé qué´ que te lleva a tomar ciertas decisiones”. Lo que sí aprendí es que Ananké te hace tomar por sendas que la lógica no tomaría.
Este Ananké es inconsciente, no te das cuenta lo que hace pero en el fondo, en tu interior sabes que necesitas seguir ese camino, camino que tu “yo” consciente te diría ¿Estás loca?
Esta clase tocó una fibra en mi interior porque siempre he sentido ese “no se qué” que me lleva a hacer ciertas cosas.
Y no es que sean cosas absurdas, es que pueden ser ilógicas para otras personas.
A los 18 años decidí venirme a la capital de mi país a estudiar, porque sentía que quería algo más que mi ciudad no me daba. Prefería dejar la comodidad de mi hogar, la alegría de mis amigos y la tranquilidad de una ciudad a la orilla de la playa para venir a una ciudad caótica de 5 millones de habitantes y donde el recibimiento que tuve fue un bala perdida que la encontró mi pierna debido a un asalto a pocos metros de donde yo me encontraba.
Eso hizo que me devolviera a mi casa, pero después de un mes de rehabilitación y de convencer a mi papá que eso era lo que yo quería, regresé a la capital y ya llevo casi 15 años en esta ciudad solo interrumpidos por el año que viví en Inglaterra.
No pretendo ponerme autobiográfica, solo trato de explicar a manera personal mi Ananké. Ya que todos tenemos uno.
Tenemos esa vocecita que nos habla pero nosotros no escuchamos o creemos no escuchar pero que al final de todo, le hacemos caso.
Eso también me llevó a irme otro país a estudiar, conocer, porque sentía que necesitaba más.
¿Más de qué?, se preguntarán y yo les responderé: No lo sé, pero más.
Mi profesora también dijo algo que fue lo que más me impactó y quedó dando vueltas en mi cabeza todo el día: “Cada decisión, cada experiencia nos cambia. No se puede regresar porque la conciencia es otra”.
Muchos de mis compañeros lo tomaron por el lado sentimental –que es valido también- una vez que terminamos una relación no podemos volver a lo que era antes porque somos otra persona. No quiero decir que la relación haya sido buena o mala, simplemente nosotros somos diferentes.
A diferencia de mis compañeros de curso, lo primero que se vino a mi mente fue la escritura.
Cuando decidí escribir un libro, sentí que había una necesidad en mí. Un “no se qué” que me llevaba a escribir. Apuesto que eso les ha pasado a muchas de ustedes.
No fue una decisión consciente. No fue que lo dije literalmente. Solo me senté frente a mi computadora y empecé a escribir.
De la misma manera, que existe esa necesidad inconsciente existe el ego o el yo consciente que es el que te dice: ¿Tú, escritora? Y te lanza una carcajada en el rostro.
Y les digo que ese “yo” no solo es interno, también es externo, son todos esos amigos o familiares o conocidos que te ven con escepticismo cuando dices: Estoy escribiendo un libro.
Ahí lo único que puedes hacer es sonreír y hacerle caso a esa necesidad, a ese “no sé qué” sin importar lo que los demás o incluso tu yo consciente te diga.
Muchas de nosotras desearíamos poder vivir de lo que escribimos otras solo somos felices escribiendo sin mostrar nuestras obras a nadie. Lo que sí les puedo decir es que no somos las mismas después que terminamos el manuscrito.
Yo no soy la misma después de Café y Martinis, toda la experiencia, el aprendizaje, la gente que he conocido, la manera de manejar a esas personas escépticas no es igual.
No es igual decir estoy estudiando medicina a decir: soy médico. No es igual decir: voy a escribir un libro a, ya escribí un libro.
No es igual porque ya eres otra. Con otra visión, otra experiencia otro modo de pensar y ver las cosas.
Quizá te guste la experiencia recibida por tu Ananké, quizá la odies, pero hay algo de lo que puedes estar segura, después de escuchar a esa vocecita inconsciente, nunca serás la misma persona.
Un abrazo
Nos leemos la próxima semana.
@HMH_Escritora
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No hay mejor ejemplo de la Fuerza del Destino

lunes, 5 de marzo de 2012

Mi Sam´s Town, mi sitio feliz


Hay sitios que me traen recuerdos. Hay sitios que quisiera que me trajeran recuerdos. Y hay recuerdos a los que les invento el sitios… Ok, ok está bien, esos no son recuerdos, son cosas de mi imaginación.
Cuando escribo pienso en lugares que me hacen feliz, por eso la mayoría de mis escritos están ubicados en Londres. Es la ciudad que cuando viene a mi mente, me saca una sonrisa.
Hay una canción de una de mis bandas favoritas, The Killers, llamada Sam´s Town. Ellos explican que Sam´s Town es el sitio donde cada uno de nosotros va cuando queremos escapar de nuestra realidad.
Todas tenemos o deberíamos tener un Sam´s Town, un sitio feliz.
A veces ese Sam´s Town es nuestro hogar, a veces es una ciudad en especial –como Londres con su cielo nublado y sus calles oscuras, para mí-, o a veces es un lugar inventado, con una playa cristalina y la brisa meciendo suavemente las palmeras bajo un sol radiante, o también puede ser un sitio con una cascada y una arcoíris y unicornios y Pegasos a nuestro alrededor.
Como escritora mi Sam´s Town es mi sitio sagrado, es a donde voy cuando necesito inspiración, necesito relajarme o simplemente evadir.
A mí, cerrar los ojos y caminar por el puente de Westminister o salir de la estación de Waterloo y caminar por el boulevard hasta el London Eye, me hace feliz.
Este sitio feliz, como dije antes, no tiene que ser un sitio real. Puede ser el sitio que tu inventaste para ti. Tu refugio.
La mayoría de las veces cuando voy a mi Sam´s Town, me invento historias. Estas historias en su mayoría no son protagonizadas por mí. No. Lo maravilloso de estos sitios es que tú tienes el poder de permitirle la entrada a quien tú desees. Tu actor o actriz favorita, una persona especial o simplemente alguien creado por ti.
Tú inventas el sitio, la persona y por supuesto la situación, supongo que todo forma parte de la inspiración y la imaginería.
Personalmente creo que todo el mundo necesita un sitio en su cabeza para aislarse, un sitio para ser feliz. Todos los días estamos agobiadas con problemas, trabajo, familia, tráfico, hormonas… todas necesitamos nuestro Sam´s Town.
El sitio donde podemos aspirar y espirar en paz, el sitio donde podemos ser lo que queremos ser o donde le damos el poder a nuestros personajes que sean lo que ellos quieran.
Usualmente cuando voy a empezar una historia me voy a mi Sam´s Town o también cuando se me complica la trama y no puedo salir cierro los ojos, me veo en lo alto del London Eye viendo toda Londres, y empiezo a hacerme preguntas que no me hago conscientemente. Puede que sea un método de evasión pero siempre resuelvo mis problemas creativos.
No te limites a tener un solo sitio feliz, puedes tener los que quieras pero yo recomiendo tener un Sam´s Town fijo –Ustedes dirán: Ya Helena se volvió loca-, bueno sí, pero ese no es el punto. El punto es que todos necesitamos un sitio seguro a donde volver cuando estamos perdidos.
Muchas acuden a sus madres, otras a sus mejores amigas, otras a sus esposos o parejas. Pero hay momentos en que la respuesta no viene de afuera. Y aquí viene la lección de vida del día de hoy: el 99.9% de los problemas vienen de adentro y usualmente las soluciones están en el mismo sitio.
Pero a veces estamos tan dispersas o distraídas que no nos damos cuenta.
Yo les aconsejo –y cabe acotar que no doy muchos consejos- que encuentren sus Sam´s Town. Encuentren ese sitio feliz donde pueden encontrar paz e inspiración. Donde pueden regresar cuando estén perdidas. Donde no hay lágrimas, solo sonrisas. ¡Que diablos! Si quieren que haya lágrimas pues que haya también lágrimas. Encuentrenlo.
Quien sabe y quizá coincidimos. A mí, me buscan en Londres.
Un abrazo y nos leemos la próxima semana


The Killers no pudo expresar mejor "ese sitio"


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