domingo, 22 de abril de 2012

Espacio para crear

Ayer me di cuenta que puedo escribir donde sea. Si me hubiesen visto ayer como escribía se hubiesen muerto de risa, a un ortopedista le podía dar un infarto.
La verdad es que tenía mucha pereza de sentarme a escribir así que lo hice acostada. Bueno, todo lo acostada que se puede estar con una computadora portátil en el abdomen.

Cuando mi esposo entró y me vio, murmuró algo, negó con la cabeza y continuó su recorrido. Lo que murmuró pudo haber sido desde: “Ustedes los escritores...” hasta: “Me casé con una loca”. De una u otra manera, tiene razón… en ambas afirmaciones.

Hay personas que necesitan un ambiente controlado para escribir (eso lo he hablado en entradas anteriores, me parece) pero hay otras, como yo, que solo necesitan ganas de escribir. Por supuesto, esas ganas llegan como las buenas ideas, cuando estás en la posición más cómoda en el sofá o en la cama y no quieres ni moverte para tomar un lápiz o cuando estás a punto de quedarte dormida, tu cerebro se posee con el espíritu de Albert Einstein y se te ocurren las mejores ideas del universo. En este caso sería con el de Miguel de Cervantes.

Yo no necesito un escritorio con el teclado de mi computadora a tantos centímetros del borde del mismo y con la pantalla en un ángulo perfecto para que me quede exactamente al frente. Tampoco necesito un silencio sepulcral, solo necesito ganas de escribir y preferiblemente no tener calor.

Supongo que mi forma de trabajar tiene mucho que ver con que, como estudiante de la provincia, tuve que vivir en habitaciones alquiladas en la capital y nunca tenía el ambiente “ideal” para hacer mis trabajos. Tenía que resolver con el espacio que tenía al momento, ése era mi espacio ideal.

Todavía tengo esa mala costumbre, puedo escribir o diseñar en cualquier espacio y casi, casi en cualquier posición. Mis ejercicios de yoga me ayudan.

No voy a juzgar, pero no entiendo a esa gente que dice que no puede escribir porque no tiene el silencio suficiente o no están lo suficientemente cómodas.
Cuando sé que hay personas que escribieron sus manuscritos en la cárcel o en pedazos de papel con solo una pluma, me digo que solo son excusas.

Las voces dentro de mí que me animan a escribir son más fuertes que cualquier ruido en mi exterior o cualquiera mala posición. Y con estas voces no quiero decir que estoy demente, bueno quizá solo un poco, pero lo que escucho son mis personajes que me piden que me acuerde de ellos.

Sin duda existe un ambiente ideal, eso no lo debato. Para mí sería un escritorio de madera oscura, con vista a la montaña, tomando una taza de café o té. Con una temperatura de unos 20°C donde yo pueda usar un suéter y sentirme cómoda. Por supuesto todas soñamos con un ambiente ideal.

Tampoco es que vas a estar en un mercado persa a 43°C y con gente pisándote, sentada como Charles Dickens, escribiendo tu más grande obra de arte. No digo tampoco que no lo puedas hacer. Sin duda hay extremos de extremos. Solo digo que no siempre vamos a tener las condiciones adecuadas para escribir, pero eso no debería ser una excusa. 

Siempre vamos a tener un ruido que nos molesta, mucho calor o mucho frío, o poco tiempo o la silla no es suficientemente cómoda. Siempre va a haber algo que nos aleje de lo que deseamos, las condiciones nunca son “ideales”. Pero ahí es cuando demostramos nuestro amor por lo que deseamos hacer. Y aquí salió otra lección de vida.

No solo debería ser en la escritura, debería ser en todo lo que nos propongamos.
Siempre tendremos situaciones en nuestra contra, pero lo único que necesitamos a nuestro favor para hacer lo que queremos, es voluntad.

Si queremos escribir, escribiremos de cualquier manera.



Si queremos crear solo necesitamos querer hacerlo
Un abrazo. Nos Leemos
Twitter: @HMH_Escritora
www.helenamoranhayes.com
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