viernes, 27 de septiembre de 2013

Rosas y Encaje. Capitulo IV: LA CARTA


Llegué a casa con el cerebro a mil por hora. Mi semana había sido una locura, pero la crisis de Claudia había sido la guinda del pastel y apenas era miércoles.
Chequeé la hora. Tenía par de horas para escribir la carta y dejarla en el buzón de la esquina. Con suerte la pasarían buscando a media noche y para el día siguiente ya estaría en manos del equipo que la leería.
Me vino a la cabeza el beso de Sebastian, la fuerza y la pasión con que luchaba por algo cuando lo quería, igual que Claudia. Recordé a mi amiga frágil con lágrimas en los ojos. Sintiendo que no era digna de escribir la carta porque era “una más del montón”. Pues yo iba a demostrar que no lo era.
Me senté en el sofá, me serví otra copa de vino. Tomé una hoja y un bolígrafo..
Mis manos temblaban de la misma manera que cuando leí la noticia de la cena. Pero afirmé mi pulso y empecé a escribir

Querido. Apreciado Sr. Thomas Hamilton.
Me dirijo a usted en esta carta porque, mas que a tu su equipo de revisión, es a usted a quien deseo hacerla llegar.
Quiero ante todo disculparme por lo tarde de este mensaje, sé que es probable que llegue fuera del tiempo estimado para su recepción, pero la escribí incluso a destiempo porque hoy me sucedió algo que me dio las fuerzas para escribirla a sabiendas que sería tarde para hacerlo. Tú dirás Usted dirá ¿Qué será un episodio en la vida de una chica mujer común y corriente? Pero estos episodios son los que hacen la vida especial. No dudo que su equipo y usted la leerán y la aceptarán por ser una carta escrita desde el corazón.
Entiendo. Puedo entender la cantidad de cartas que recibirá de sus admiradoras, que deben ser miles millones. Y yo no estoy exenta de ser una de ellas.
Soy tu su admiradora desde sus primeros pasos en el teatro y su interpretación de Hamlet en el Whindham Theatre hace casi diez años, marcó mi vida.
Pero no le escribo para hablar de usted, porque usted sabe lo que ha hecho en su vida y estoy segura que todas sus fanáticas se encargarán de recordárselo en las miles millones de carta que seguro ha recibido.
Tampoco le escribo para hablar de mí, porque como te le dije anteriormente, mi vida es bastante común y sin grandes cosas que contar, solo marcada por esos eventos “especiales” como los de hoy.
Le escribo para hablar en nombre de mi mejor amiga Claudia Lace, estoy segura que ya recibió su carta. Yo solo quiero confirmar que ella es una de las mejores personas que puede elegir para cenar con usted.
No solo es una mujer hermosa. Una despampanante rubia con los ojos verdes más bellos que usted podrá ver en su vida, esbelta y llena de vida, pero también una de las mujeres más inteligentes, trabajadoras, sagaces y un as para los negocios como ninguna otra. Ella es mi socia y mi mejor amiga. Y no solo cree que está enamorada de usted, al contrario de todas nosotras de las demás admiradoras. Ella está segura que lo está.
Yo también estoy segura que lo estoy está.
Claudia no solo es hermosa e inteligente, es una de las personas más divertidas que puedas conocer. Si acepta cenar con ella, que es lo más seguro, es posible que no coma porque estará toda la velada riéndose. No malgastará ni un segundo. Y también le puedo apostar que luego inventarás cualquier excusa para extender la noche.
Le recomiendo que la lleve a bailar, es una excelente bailarina –yo le enseñé pero creo que me superó–.
No quiero extenderme porque sé que tienes muchas cartas que leer y estoy segura que habrá muchas cartas hermosas que considerará. Solo le pido que le dé una oportunidad a esta –o a la de mi amiga, en su defecto– no te vas no se va a arrepentir.
Me despido reafirmando mi admiración hacia a usted. Gracias a mi amiga, yo he llegado a conocerlo –no tan a fondo como ella– y luego de saber por las situaciones que usted a pasado en la vida solo tengo que reconocer que mi admiración hacia usted solo ha crecido.
Me pongo a su disposición para cualquier cosa que necesites. Estoy segura que tomará la decisión más acertada.
Un cálido abrazo saludo cordial
Anna Roses.
Gerente Rosas y Encaje Lingerie.
Centro comercial Westfield
Londres
Junio 2012.

Dejé mi carta en el buzón con la satisfacción que mi amiga tenía doble oportunidad de ganar. Quizá otro hombre sería el afortunado de enamorarse de una persona tan perseverante como yo. Esta vez mi apuesta iba por Claudia.
*****
—¡Estas mujeres son condenadamente buenas! —exclamó el actor cuando leyó última cara de las 15 finalistas.
Su cabello revuelto reflejaba su confusión. Al contrario de muchos hombre que pasaban su mano por el cabello para ordenarlo, Thomas lo echaba hacía adelante y sus suaves risos creaban un caos en su melena castaño-rojiza.
Se estiró en la silla, cruzó las piernas por los tobillos y tomó la primera carta para leerla por tercera vez.
Un leve toque en la puerta de su estudio lo sacó de concentración.
—Thomas.
—Robert, buenas tardes.
—¿Qué tal vas con las cartas?
—Hecho un nudo. Son malditamente buenas. Estoy indeciso entre una morena hija de inmigrantes italianos que ha vivido una vida dura pero ha salido adelante, tiene una hermosa gramática y dice algunas palabras en italiano, que me vuelven loco. Y una mujer hindú de mucho dinero que ofrece una cantidad obscena de dinero para que la elija.
Los dos soltaron sendas carcajadas.
—Como si te hiciera falta el dinero.
—Nunca esta demás una cifra de seis dígitos.
Robert soltó otra carcajada —Bueno, te traigo una que acaba de llegar hace media hora.
—¡¿Qué?! ¡¿Otra?! No, olvídalo Robert habíamos dicho primero diez cartas, ya vamos por quince, si seguimos así vamos a llegar a cincuenta, ya estoy confundido lo suficiente.
—Créeme Tom, lee esta carta.
—No voy a leer una carta de una chica malcriada que se siente especial y que envió su carta el último día. Yo conozco las de su tipo Rob, no la voy a leer.
—Thomas Hamilton, tienes que leer esta carta —los ojos grises del agente se encontraron con los del actor y este solo estiró la mano para recibir la carta. Despegó sus ojos de los de su agente para leer la carta.
Hubo dos minutos de silencio. Thomas miró a Robert otra vez mientras este asentía y sonreía. Thomas leyó otra vez la carta.
—Quiero la carta de Claudia Lace —dijo cuando terminó de leer la carta por segunda vez.
—Thomas sabes lo difícil…
—Quiero. La. Maldita. Carta. De. Claudia. Lace.
Robert le lanzó una mirada envenenada y pulsó un botón de su teléfono. Media hora después Thomas estaba leyendo la carta de la señorita Lace, luego tomó la carta de Anna Roses.
Miró a su agente y sonrió. Robert jamás había visto esa sonrisa a su amigo. Sus ojos brillaban como si hubiese visto la cosa más hermosa. Como si estuviese a punto de develar un secreto sublime que solo él conocía.
Thomas suspiró con “esa” sonrisa en los labios —Robert, tenemos una ganadora.

Amor rápido y furioso


Esta última semana me he lanzado un maratón de novelas románticas de escritoras no tan famosas que he bajado gratis al kindle (Dios bendiga al kindle). He disfrutado un montón la experiencia y creo que me estoy haciendo un poco adicta.
Es interesante descubrir nuevos talentos (en inglés y español) y estudiar sus estilo, sus diferencias y semejanzas y hasta sus errores –me entró un “fresquito” (como dicen en mi país) darme cuenta que también tienen errores–.
Pero de todos los libros que me he leído estas dos últimas semanas –5 libros– me he dado cuenta que todos tienen algo en común, y que yo todavía no logro dominar en mis novelas.
Los protagonistas se enamoran en un día. Quiero decir, que en ningún libro de los que leí, el amor va creciendo poco a poco. No, el amor los golpea como un rayo.
Incluso leí uno llamado Chocolate Kisses su autora Judith Arnol (está gratis en kindle para las que hablan inglés) que literalmente se enamoran en un día. Todo sucede en un día y el final… bueno ya lo leerán. Pero solo pasa un día.
Ese fue el más violento.
En la mayoría de las novelas románticas eso es lo que sucede. Se vieron, se enamoraron y fueron felices para siempre en menos de una semana.
Yo personalmente no tengo problemas con eso. Sé que es ficción y respeto el estilo de escritura de cada quién. Y si hay más romanticismo concentrado, pues, mejor para mí.
Esos encuentros que el protagonista se siente atraído de una manera casi incontrolable por  la chica y ella siente todo su cuerpo vibrar desde el día 1, me encantan. Lo que me es más difícil de aceptar es que el galán le diga dos cositas dulces al oído y ya ella le diga que lo ama. Me gusta más cuando la cosa se pone un poco más difícil y él es el que cae rendido. Pero no me molesta de la otra manera.
Hay amigas que me preguntan como me fijo en esos detalles. Para mí no son detalles y como escritora me gusta analizar los estilos de cada quien hasta encontrar el mío.
Quizá no he dominado bien el arte de “El amor rápido y furioso” porque así como en la vida real, me gusta el juego de la seducción. El preámbulo, el romance, la seducción antes del amor.
Por eso creo que no he podido escribir relatos o cuentos cortos porque todo tiene que suceder más rápido de lo normal.
Aunque después de estas lecturas me he dado cuenta que, solo porque el amor llegue rápido no deja de ser emocionante.
Usualmente –y eso me da mucha risa– los pocos días que pasan los protagonistas juntos tienen más adrenalina, conflictos y sexo del que una persona común y corriente puede tener toda su vida.
Igualmente, leyendo estos libros me di cuenta que me gustaría intentar escribir un libro donde el amor llegue como huracán y los protagonistas queden rendidos a él y que todo pase en, no sé, una semana. Sería interesante.
Creo que también puede ser un tema delicado, porque la trama tiene que estar bien pensada para no agobiar –o fastidiar– al lector.
Como el último que terminé hoy, que los protagonistas asumían las intenciones del otro –que por supuesto eran las equivocadas– y nunca se comunicaban. Que eso te pase con el amor de tu vida que acabas de conocer y que por cosas de la vida lo vez todos los días –porque usualmente pasa así. Se ven todos los días las 24 horas para enamorarse más rápido– no es muy sano emocionalmente. Por supuesto llegó un momento en que yo quería asesinar a uno de los dos protagonistas y le gritaba a la pantalla: ¡Estúpido! ¿No le puedes preguntar? O: ¡¿No le puedes decir lo que piensas por una vez en tu vida, cretina?!
Por cierto en esa novela la protagonista tenía 28 años y era virgen, pero ese tema lo podemos discutir en otra entrada.
Personalmente creo que cuando una novela está bien llevada, no importa cuanto tiempo pasa, de hecho el lector a veces ni se da cuenta. Pero el escritor tiene que tener mucho cuidado de hacer que eso sea lo que el lector no solo ame sino que desee que le suceda.

Un abrazo





@HMH_Escritora
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miércoles, 18 de septiembre de 2013

Relato participante en el concurso Entre Café y Martinis: Una noches entre sueños y alegrías

Hace algunas semanas el blog Leyendo romance y yo hicimos un concurso. Se trataba de escribir un relato de como sería la noche ideal para compartir con amigas entre cafés y martinis. El premio sería un libro de "Café y Martinis".
Bueno, aquí les presento uno de los relatos, que aunque no fue el ganador, su autora muy amablemente lo cedió para que fuera publicado en este blog.
¿Cómo sería tu noche ideal entre cafés y martinis?

Una noches entre sueños y alegrías 


En casa, o más bien un departamento a duras penas pagado la cuota mensual, dejé el
bolso de trabajo en la entrada junto a la puerta y armario. Los zapatos en el piso de la habitación
mientras me iba quitando la mínima joyería ejecutiva que tenía para no parecer tan simple día a
día en la oficina. “¡Listo!” me dije cuando pude quitarme las pulseras tintineantes de color azul,
blanco y rojo que llevaba puestas. La ropa había quedado al pie de la cama, la luego la
recogería, sino el tiempo se me iría en dejar todo pulcro... “Mañana es sábado, no trabajo,cuando llegué de que las chicas recojo”. Un baño de escasos minutos pero bien dado y ya salía
con el paño en el cuerpo y un gorro en la cabeza como las típicas doñas sifrinas para que no se
me mojara el cabello.
Me vestí como si fuera un avión, era lo práctico de pensar en el baño qué me iba a poner
y medir que no fuese revelador (porque debía volver a la oficina desconociendo qué babosos
tenían hoy guardia). Un leggin oscuro y una blusa verde esmeralda acompañados de accesorios
en contraste, tacones altos y un bolso de mano era en definitiva mi vestimenta nocturna; salí a
gran velocidad buscando un taxi que me llevara de regreso a la empresa. Un milagro había
ocurrido cuando llegué, uno de los pasantes que aún estaban ahí había encuadernado las
escasas 5 hojas del prototipo para mi y les estaba cerrando las grapas para poder dejarlo
terminado en mi escritorio.
Lo miré de lejos cuando éste reposa sus manos con la revista modelo y levantaba la
vista justo para toparse conmigo; le agradecí con un beso en la mejilla y él mirando como idiota,
quedo con las palabras atragantadas en la boca sin emitir sonido, aproveche su silencio para
despedirme no sin darle las gracias nuevamente.
Ocho y diez minutos. Antica...Aquellas chicas estaban en medio de una tertulia cuando un mesero se pasó por mi lado
con cuatro tragos. Sabía para quienes eran por lo que le llamé antes de que se acercara a ellas
y le quite la bandeja. El muchacho me observó, curioso de lo que haría.
Te
apuesto que son para aquella mesa dije
señalando a las tres chicas sentadas que
reían entre sí. Él me asintió y le añadí Tranquilo,
yo los llevo. Antes
de que hiciera ademán
para quitarme la bandeja completé ¿
Ves este martini? Pues es mío y te apuesto que dijeron
que era para una amiga que aún no llegaba pero que sabían que al traer el trago, ella estaría
aquí... pues ya ves... llegué dije
con la más sutil y cálida sonrisa. No era necesario estar
borracha para ser amable, era innato, estaba en mi gentilicio. Así que me puse la bandeja cual
mesera experimentada y me acerque a la mesa con el mesero detrás.
Bien
señoritas, aquí tienen: un martini para Joana, un café para Andrea porque aún su
hermana no le da permiso de beber y otro café para la aburrida de Nessa... ¡Ah ups, no debí
decirlo en voz alta! sin
embargo todas rieron, incluso el chico que esperaba su bandeja.
Tomé mi trago, di un sorbo, giré para devolverle el plato y luego de ello me senté a
disfrutar de la divina mezcla de ginebra, vermut y la ácida aceituna que me daba una estupenda
bienvenida al fin de semana.
¿Y bien? ¿Cual era la sorpresa, Joana...? Dime, ¿que haremos esta noche cerebro? bromeé.
Era la más animadas de todas, y tal vez por eso tampoco podían dejarme por fuera.
De todos modos, en conjunto representabamos el equilibrio perfecto en esta amistad: Joana era
la calculadora; Vanessa era la pesimista y “realista”; Andrea era... nunca supimos qué era, sólo
que siempre estuvo ahí así que le fue fácil unirsenos con su contraste loco japones emo aunque
ella no lo aceptara y... finalmente yo, que según ellas, era el pegamento, quien podía hacer que
todas nos pusieramos de acuerdo en los días más difíciles y hacer que las tres restantes
estuvieran con la de la desgracia. “Un mar de optimismo”, así me decían cuando querían
hacerme ver con mirada inquisitiva burlona.
La noticia y el motivo de tanta llamadera en el día era que Joana por fin se casaría con
César y no fue hasta esa reunión que la muy mugre nos soltó de la bomba. ¡Claro, todas
sabíamos que pasaría! Pero no había una forma de saber cuándo eso de verdad se llevaría a
cabo, y no lo hubiésemos esperado ahora. Cuando finalmente lo dijo, todas incluso
ellaal
compás del fin de una canción de fondo nos miramos con los ojos como platos, conteniendo las
ganas de gritar por la novia pero no pudimos…
El grito se oyó en todo el local (menos mal que era una terraza en el exterior) y todos los
asistentes giraron en redondo para ver “¡Quien había muerto!”. Acto seguido, tomamos nuestros
tragos, los chocamos entre sí y dimos fondo blanco a lo que restaba de ellos. Menos mal que el
mesero seguía atentamente mirando porque con un giro de dedo hacia arriba le indique “otra
ronda” mientras nos tomabamos de las manos alegrementes.
Por primera vez sería la madrina de una boda. Aquello era ilógico, digo, ahí estaba su
hermana. Pero bien me había advertido Joana una vez, que Andrea por ser la cupido del asunto
era la Dama de Honor mientras que yo era la madrina con el mejor amigo “baboso” de César
(no era algo gratificante pero él era lo de menos ese día, me decía mentalmente siempre para
apartar la idea de sus ojos en mi trasero). Aquello era no sólo alegría a Joana sino a las tres
restantes, que habían traído la otra ronda de tragos, y aún con el éxtasis en nuestras sonrisas
me abalance a hacer el primer brindis de la corte (suponiendo que Vanessa siguiera de pajecita
“con ventiviejos
de edad” pero era la más dulce del grupo... era “Nessa” con eso la
resumiamos).
Porque esta gran noticia no sólo se disfrute hoy sino todos los días de nuestras vidas,
porque las alegrías de una son las de todas y las tristezas son todas nuestras... respire
conteniendo las lágrimas de emoción Por
Joana y Cesar que aunque no esté aquí, es parte del
asunto desde hace años... ¡Salud!
Por razones aparentes todo rastro de otros comentarios ajenos a la boda iban tomando
un segundo plano, ciertamente todo nos importaba: lo nuevo, lo viejo, lo del día y hasta lo futuro
pero habíamos perdido el sentido del orden y empezamos a recordar hasta cuándo nos
conocimos las cuatro; cuando esos temas hasta de memoria ya nos lo sabíamos.
Pero algo que sí teníamos por seguro era que Joana, entre sus planes de despedida de
soltera (cuando tocara el día) tenía que hacer un recorrido de noche en el tranvía de la ciudad,
tomando todas, aunque sea una copa, martini y deleitandonos de las maravillosas luces que
nos adornan cada noche, descalzas caminando a lo largo del vagón gritando de cuanto en
cuanto bien sea “Que ella se casaba tal día” o a coro las canciones que seguramente la novia
pondría de su grupo favorito, Apocalyptica.


Por: Pergamino Con Tinta



lunes, 26 de agosto de 2013

Pagina web de autora

Hoy escribo para anunciarles, aunque no es una noticia nueva, nueva, la creación de mi página web de autora.
En ella pueden conocer mi trabajo, mis libros y las paginas donde colaboro.
La pagina principal muestra la portada de mi próximo libro de Urban Fantasy y del que muchas y muchos de ustedes ya has escuchado hablar.
También pueden leer una corta biografía y todas las redes sociales donde pueden contactarme para saber más de mi trabajo




En las otras páginas pueden encontrar mis libros con una pequeña sinopsis de cada uno y donde los puedes conseguir 




En otras paginas encontrarás elementos gráficos y una galería de mis lectoras con ejemplares de mis obras. Y por supuesto la página de contacto donde te puedes comunicar conmigo.

De todo corazón espero les guste mi pagina porque está hecha con mucho cariño para ustedes y para que puedan conocer un poco más de Helena Moran-Hayes.

Un abrazo.


















miércoles, 7 de agosto de 2013

Rutina


Creo que la única rutina que debe tener un escritor es escribir.
Como buena creativa uso casi exclusivamente el lado derecho de mi cerebro, para mí la rutina es aburrida. Mi esposo, como buen ingeniero, tiene ese lado del cerebro casi virgen y entra en pánico con mi estilo de vida.
Cada día hago lo posible porque no sea igual al anterior. Lo único en lo que trato de ser disciplinada es en mi escritura.
Sí, soy un caos. Pero no hay un día aburrido conmigo –pobre excusa–.
Así como la rutina da orden y organización. Creo que el caos da creatividad y astucia.
Siempre le digo a mi esposo que nunca doy por sentado nada y siempre estoy alerta. Él responde  “¡Por supuesto! Porque sino no encontrarías ni tu computadora!”. Falso, siempre sé donde está mi computadora.
Y debo aceptar que tiene razón, soy desordenada. Lo único ordenado en mi vida son los archivos de mi computadora. Lo lamento. No tengo excusas.
Pero algo les puedo asegurar, cada día –como dije antes– es diferente para mí.
Cuando trabajaba en la oficina y tenía un horario de trabajo, sentía que todos los días eran iguales. Quizá muchas de ustedes dirán que es algo psicológico, típico de una mente dispersa como la mía. Pero es verdad.
Para las que están a favor de este sentimiento y por necesidad y/o deber, tienen que estar en un trabajo donde la rutina las absorbe, no dejen que eso suceda.
La rutina mata la creatividad y más cuando nos dejamos vencer por ella.
Cuando trabajaba bajo un horario fijo trataba de cualquier manera que la rutina no me absorbiera.
En mis horas de almuerzo salía a tomarme un café y observaba a la gente. Imaginaba escenarios y situaciones. También tomaba los momentos libres para notar cualquier idea por muy pequeña que fuese.
Cuando tenía que viajar en el subterráneo me inventaba historias en mi cabeza. Ahí sucedían encuentros, reconciliaciones y hasta se terminaban relaciones.
Al llegar a casa trataba de hacer cosas diferentes y a diferentes horarios. Por ejemplo, nunca preparaba la cena a la misma hora –mi esposo casi moría de un infarto, para él la rutina era su forma de vida– bueno, hasta que se acostumbró. Ahora cuando sirvo la cena tres días corrido a la misma hora, me pregunta ¿Pasa algo?
Afortunadamente mi trabajo como diseñadora consistía en siempre hacer algo diferente.
Pero en los momentos que el día a día tenía que ser rutina, levantarse a la misma hora, salir de casa, llegar al trabajo, salir del trabajo, llegar a casa…
Por eso trataba de hacer algo diferente –dentro de lo que podía– para no caer en ese estilo de vida que me hacía sentir como un robot.
Siempre trato de estar alerta a lo que pasa a mi alrededor, invento historias en mi cabeza, no camino por el mismo camino de ida o regreso a casa, hago algo espontáneo, y trato de divertirme en lo que hago.
Porque como lectora he aprendido que siempre la historia cambia cuando hay un giro inesperado de los acontecimientos.
@HMH_Escritora
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Nunca dejes que tu día a día se igual

lunes, 15 de julio de 2013

Toques personales


Hace un tiempo un conocido me preguntó si mi novela era autobiográfica. Lo primero que se me ocurrió responderle fue: ojalá. Pero me pareció poco respetuoso. Digo por los amores de mi protagonista y porque mi esposo estaba a mi lado.
Aunque pensándolo bien sí. Mi libro es un poco autobiográfico. De hecho lo que le contesté es que en todo libro el autor pone un poco de sí mismo.
Quizá no de manera consciente pero de alguna manera el autor le coloca gestos, rasgos, aptitudes o temperamento conocidos a sus protagonistas.
Y unas características autobiográficas no significa necesariamente que sean propias del autor, pero sí conocidas.
Yo creo que uno describe mejor las cosas que uno conoce. Desde una ciudad hasta un gesto facial.
Sin duda mi primera novela tiene mucho de mi vida ya que las protagonistas las basé en mis amigas. Pero en mi segundo y tercer libro tomé características de gente que conozco para mis personajes.
Si a ver vamos, todos los libros son autobiográficos ya que tomamos referencias físicas de gente conocida o que han tocado nuestras vidas y no tiene que ser personalmente. Quizá unos ojos de un actor o actriz que te cautivaron.
Quizá describes esos ojos y no tienen nada que ver contigo pero si describes los ojos y la manera como te hicieron sentir cuando los viste por primera ver, inmediatamente toca un sentimiento personal y por ende se hace personal. Ergo, autobiográfico.
Siempre ponemos toques personales en nuestros escritos es lo que los hace nuestros y así construimos nuestra identidad, y nada nos identifica más que nuestra propia vida, nuestros sentimientos o sensaciones.
En mi libro –y les juro que lo hice inconscientemente–, uno de mis personajes principales disfruta comer, para él es un placer la comida. No solo comer, mi personaje se embelesa en el ritual de la comida. Cuando mi esposo leyó mi libro me dijo “Es como yo”. Yo lo miré y reí.
Les puedo asegurar que mi personaje no se parece en nada a mi esposo, solo en el placer de la comida.
Sin pensarlo coloqué en mi personaje un toque autobiográfico que, aunque no me toca directamente a mí, sí lo hace con mi entorno.
Hace unos días me hubiese avergonzado de decir que mi libro tenía toques autobiográficos, ustedes saben por las escenas de sexo y todo eso. Pero me puse a analizar y me dije “Helena, eres una tonta”. Sí, lo era. Debía estar orgullosa de tener una vida tan especial que me permite sacar personajes de ella y colocarlos en papel.
Puedo decir que me encantaría que mis libros tuvieran todos un toque autobiográfico. Sería mi homenaje a la vida. A las personas a mi alrededor y mi toque único como escritora. Mi firma. Mi identidad.
Twitter: @HMH_Escritora
Facebook: www.facebook. com/HelenaMoranHayes
Y pronto: www.HelenaMoranHayes.com

Ya saben, siéntanse orgullosas de 
que sus novelas tengan sus toques personales.
¡Besos!