Cadena de Amor
La entrada de esta semana es especial, la dedico al día de los enamorados. Y quién más que nosotras las escritoras y lectoras de novelas románticas para celebrar este día.
Hoy no hago una entrada como todas las semanas, hoy les regalo un cuento corto que escribí para mi amiga Jonaira Campagnuolo y su blog http://desdemicaldero.blogspot.com/ ella tiene un reto para el día de San Valentin (aprovechen enviarle el suyo, el reto es hasta este viernes), había que escribir un cuento de amor, amor de cualquier tipo. No soy muy buena con cuentos cortos pero el tema me inspiro y se me ocurrió este...
Espero lo disfruten.
Cadena de Amor por Helena Moran - Hayes
Hace
unos años vi una película que me llegó al corazón. Se trataba de un niño que
decide, como proyecto en su colegio, hacer un favor a tres personas con la
condición de que estas tres ayudaran a tres más. Y así la cadena de favores se
extendería por todo el mundo.
Yo,
decepcionada por una ruptura amorosa bastante traumática, decidí hace par de
años sacudir mi espíritu, y tomé esta película de ejemplo.
Me
negaba a creer que el amor ya no existía, que ya no había bondad en este mundo.
No soy una mala persona, pero mi constantes fracasos en el ámbito amoroso y ver
como la gente estaba llena de hostilidad y odio, me habían dejado con una
tristeza infinita en el alma y en el corazón. Decidí hacer mi propia cadena, la
llamé Cadena de Amor.
Esta
cadena no era tan ambiciosa como la del niño de la película, el favor solo se
tenía que hacerse a una persona, pero tenía un nivel de dificultad, esta persona
a quien ayudaría tenía que tener un problema emocional, no económico o físico.
Tenía que ayudar a una persona emocionalmente.
Tenía
dos leyes más además de ayudar a esa persona, todo tenía que quedar en secreto,
nada de decirle al mundo que tu eres una persona buena que ayudas a las demás y
que retribuyes un favor, no, no, nada eso. Era totalmente secreto.
Y la
tercera regla se me ocurrió después de pensar como la persona que ayudaría daría
su palabra. Tomé un pequeño dije, un corazón rojo de cristal de swarovsky que
me había regalado mi antigua pareja y lo dispuse como tótem para que la persona
que ayudara se lo pasara a la ayudada. Una especie de testigo. Aunque me
encantaba el corazón, siempre me traía mucha tristeza porque me recordaba un
amor fracasado. Un sentimiento que no me dejaba avanzar. Pensé que esa era la
mejor manera de liberar parte de mi tristeza.
La
única desventaja de mi proyecto era que no llevaría un record de cuantas
personas ayudarían a cuantas, además estaba el hecho que mi dije podía perderse
con algún mal intencionado que supiera su valor real. Supuse que, como lo que
hacía tenía mucho que ver con el amor, tenía que tener fe.
Cierto
día venía caminando por la calle, tratando de pensar como empezar y como
mantener mi proyecto de amor. Venía perdida en mis pensamientos cuando un susurro,
más bien un llanto muy callado me sacó de mis fantasías.
Una
chica de unos 17 años lloraba en la calzada. Abrazaba sus piernas con sus
brazos y tenía enterrada la cabeza entre sus rodillas. No la pude ignorar. El
llanto no solo salía de sus ojos, salía de su alma. Pensé que la vida me estaba
dando una oportunidad de empezar mi proyecto.
Me
acerqué a ella y puse mi mano en su hombro. La chica pegó un salto del susto.
Se llamaba Emily y me contó su problema. Estaba embarazada. Su historia era muy
triste, no solo por que tenía 17 años, sino porque no se recordaba como
sucedió. Solo pudo deducir que hacía un poco más de un mes había ido a una
fiesta y se despertó en su cama al otro día sin recordar nada. Supuso que se
debió al alcohol, pero no había sido así. Me contó que su novio la había
rechazado después de haber confesado que le puso una pastilla en su bebida y
había tenido relaciones con ella inconsciente. Su mejor amiga la juzgaba por lo
sucedido y bueno…todavía tenía que decírselo a sus padres.
Emily
me rompió el corazón. Casi como un acto reflejo tomé el corazón de cristal de
mi bolsillo y se lo puse en la mano “Nada es tan difícil como parece Emily, te
rescataré” solo pude decirle.
Efectivamente
no lo fue. Después de llorar con sus padres, estos la abrazaron y prometieron
cuidar de ella y del niño que venía. No necesitaría ayuda, ellos la proveerían
económicamente y le darían todo el amor que necesitaran.
Una
semana después Emily me contactó y me agradeció haberla ayudado, en ese momento
que la encontré ella había decidido interrumpir su embarazo. Dijo que yo la
rescaté y que haría cualquier cosa por retribuirme haberla salvado.
Yo
le respondí que no me debía nada y le expliqué lo de la cadena de amor.
Unos
días después Emily me dijo que le había dado el dije a una chica que siempre
estaba muy callada en su universidad, me contó que la chica con lágrimas en los
ojos, le extendió una nota de suicidio que tenía planeado dejar esa noche. “La
rescaté” me dijo feliz.
Ahí
le perdí el rastro a mi dije y a mi cadena de amor.
Un
año después fui a tomar un café con mi mejor amiga, me contó que hacía una
semana la habían despedido de la oficina.
—¿Porqué
estás tan feliz? Te despidieron —Le pregunté sin entender su felicidad.
—Por
que cuando se te cierra una puerta, se abren mil. El día que me despidieron
solo lloré, sabes que tengo la hipoteca de la casa, la deuda del auto y la
enfermedad de mamá. No sabía que hacer, estaba desesperada y en ese segundo
Paul ¿Recuerdas, el chico del que siempre estuve enamorada en la oficina? —Yo
asentí— me extendió un corazón de cristal y me dijo “te rescataré” y luego me
dio una tarjeta de presentación.
Cuando
escuché la historia de mi amiga el corazón me dio un vuelco. Le había dado el
dije, mi dije. Mi cadena de amor todavía existía después de un año
—¿Y
que sucedió? —Le dije tratando de parecer relajada, pero la realidad era que mi
corazón saltaba de la alegría.
—La
tarjeta de presentación era la del gerente de una de las publicidades más
importantes del país. Por eso te invité el café, estás hablando con la jefa del
departamento de relaciones públicas de la empresa, voy a ganar tres veces más
de lo que ganaba antes —No aguanté la emoción y la abracé con lágrimas en los
ojos— Eso no es todo —Me dijo riendo— También tengo novio. Paul se me declaró
par de días después, me dijo que siempre estuvo enamorado de mí pero como
trabajábamos juntos nunca se atrevió a decirme nada —Yo la volví a abrazar—
Luego Paul me dijo las reglas del dije, pero no te las puedo decir. Solo te
puedo decir que soy feliz.
No
necesitaba escuchar más. Ella no me tenía que decir las reglas, yo las sabía a
la perfección.
Par
de meses después me encontraba en la fiesta de compromiso de mi amiga y Paul.
Ahí conocí a David. Un hermoso hombre de casi dos metros de alto, con cabello
negro algo alborotado, unos ojos azules como dos piedras de aguamarina y la voz
más sexi que había escuchado en mi vida. Esa noche hablé y bailé solo con él.
Si hubiese creído en el amor a primera vista, hubiese dicho que me había enamorado
de David.
Una
semana después, David me llamó y me invitó a cenar. A pesar que podía decir que
estaba derretida por él, decidí aceptar su invitación pero no en plan
romántico. Fuimos a cenar, está demás decir que fue una velada perfecta.
David
me acompañó hasta la puerta de mi casa y ahí hablé. Le expliqué lo que había
sucedido con mi pareja anterior, que mi corazón no estaba preparado para el
amor.
—Eso
lo sé desde que hablé contigo en la fiesta, sé que tienes muchas heridas que
sanar —Me dijo con su sonrisa que podía derretir corazones y metió la mano en
su bolsillo— Yo te rescataré— me dijo en un susurro tomó mi mano, me colocó un
dije de cristal rojo en forma de corazón en ella y me dio un beso lleno de
dulzura. La cadena de amor había llegado a mi otra vez.
Sentí
mi corazón llenarse de una alegría que jamás había sentido. Todas las
tristezas, todas las dudas, todos los temores se desvanecieron cuando David me
entregó el corazón y me miró con sus ojos llenos de amor.
Hoy
un año después, escribo esta carta desde la habitación de la casa de mis
padres. Mi madre está buscando mi traje de novia. Me caso en tres horas con el
hombre que me rescató, el que me entregó el corazón, el de cristal y el real.
David
nunca me dijo de quien recibió el corazón ni porqué. Me dijo que era un
secreto. Que lo importante era que él había sido rescatado y me rescató a mí.
No
sé donde estará mi corazón de cristal. Seguí las reglas que me dio David y se
lo di a una amiga que había perdido a su padre. También la rescaté.
Con
esta carta solo quiero reafirmar que el amor si existe, y existe en una
cantidad de formas infinitas. Desde la madre que busca el traje de novia a su
hija hasta el extraño que regala un pedazo de pan. El amor existe, solo tenemos
que abrir un poco nuestros ojos y nuestras almas.
Dicen
que nada se esparce más rápido que un chisme, pero yo rebato esa teoría, hay
algo que se esparce mucho más rápido y es el amor.
@OhHelenita
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